Durante los últimos tiempos uno de los temas recurrentes en tertulias radiofónicas e informativos es la cumbre del G-20 que, al parecer, va refundar el capitalismo.
Todos hemos oído hablar de si España va a estar o no, de si Francia nos va a ceder una silla… pero poco realmente de lo que va a salir de esa reunión.
España -octava o novena potencia económica mundial- va avalada por la fortaleza de su sistema bancario, que no está pasando por las dificultades que asolan a los bancos por todo el globo. Sin embargo, la economía española no se beneficia de esta fortaleza con una mejor fluidez de los créditos a las pymes o al consumo, sino que la banca se ha limitado a utilizar las ayudas públicas para hacer acopio de dinero para aumentar su propia liquidez, sin que esto haya supuesto una ventaja real para nuestra economía, en un momento en el que los “eres” y sobretodo la masiva no renovación de contratos temporales, están dejando a muchas familias en situaciones realmente precarias.
Mientras las Pymes reclaman una disminución por ley de los plazos de pago -y es que algunas grandes empresas pagan a 180 días, y no son tiempos para cobrar 6 meses después de que termines tu trabajo- los bancos piden más control a nivel internacional, y los demás simplemente esperamos que se produzca un milagro, los políticos se limitan a recalcar la importancia de estar en Washington, para salir en la foto, más que para expresar una serie de ideas concretas.
Por mi parte no soy muy optimista, y menos teniendo en cuenta de que el G-20 tendrá todavía como anfitrión a Bush, responsable -no le veo capacitado como para denominarle artífice- de muchas de las estratégias financieras que nos han llevado a la situación actual.