Nos acercamos a la primera semana desde el para muchos feliz desenlace -al fin- de las elecciones norteamericanas. Ya podemos respirar, porque van a dejar de bombardearnos con información de unas votaciones a las que no estamos invitados, y porque al menos por cuatro años, el gobierno del país más poderoso de la Tierra no está en manos de un fanático con menos luces que la madriguera de un topo.
Ahora viene la parte mala. Pese a las ganas que tenemos todos de que Bush se vuelva con el rabo entre las piernas a su Texas querida a buscar armas de destrucción masiva en su rancho, tendremos que esperar hasta el 20 de enero para ver a Obama definitivamente instalado en la Casa Blanca, y leer titulares tan “ingeniosos” como “un negro en la Casa Blanca” en El Mundo.
Por el momento me conformo con leer que parece seguro el cierre de Guantánamo, -uno de los acontecimientos más bochornosos de nuestro tiempo- y con ver como poco a poco vuelve la cordura a las relaciones internacionales.
Ahora a ver qué papel hace Zp en el G20.