Se acercan buenos tiempos -da la impresión- para los otorrinos a ambos lados de los Pirineos. Y es que tanto Sarkozy como Zapatero o Ibarretxe parecen ser víctimas de la misma aflicción: El francés no escucha el clamor de su pueblo en huelga, y sus colegas no se escuchan entre ellos. Se hablan educadamente, sí, pero como si hablasen a una pared. Cada loco con su tema, con -¡oh Dios mío, el apocalípsiiiis!- Rajoy apoyando la firmeza de Zapatero.
Ya no sé si las palabras son las necias, o si los necios son los que se niegan a escuchar…