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Se nos llena la boca hablando de la ejemplar transición española, del maravilloso tránsito entre la dictadura golpista y la democracia moderna, del cambio pacífico, y de la superación de las rencillas que inevitablemente produce una guerra civil.

Se nos llena la boca, pero de humo. Humo porque poco hay de verdad en esa supuesta catarsis nacional, ese supuesto pacto de mirar juntos hacia el futuro olvidando los desmanes pasados. ¿Pruebas de lo que afirmo? Tenemos, por ejemplo, todo lo referente a la “memoria histórica”, una prueba de que la izquierda no está dispuesta a olvidarse de la guerra civil o de la dictadura. Pero, pese a ser lo que está más de moda, no es el único ejemplo. Basta con leer los comentarios de las noticias en los diarios online o los comentarios por sms en debates televisivos para darse cuenta de que el viejo enfrentamiento entre izquierda y derecha sigue existiendo. Sigue, bajo la superficie, un odio enquistado entre dos formas de ver el mundo, arraigadas en la educación de muchos, heredadas de padres y abuelos, que surgen en cuanto hay oportunidad.

Con los mal llamados “grandes” partidos enfrentados a muerte, dando ejemplo de inmadurez democrática un día sí, otro también, poco puede extrañarnos el fanatismo de sus seguidores, más influidos por sentimientos y emociones que por argumentos y hechos.

No sé si el paso de las generaciones nos permitirá superar este enfrentamiento, si seremos capaces de romper ese cordón umbilical de rencor que arrastramos, y empezar a juzgar la actualidad con visión de futuro. Ignoro qué sería necesario para que ésto ocurriese, pero sé que sin ese cambio la política de nuestro país parecerá más propia de una república bananera que de un estado democrático occidental.

Después de un tiempo de desaliento, seguido por otro de efervescencia ciber-esquizofrénica, me decido a retomar el blog, con un lavado de cara -a medio terminar, pendiente de la recuperación de mi pc de sobremesa- y de centrarlo en aspectos generales, dejando los personales para otros lugares.

Ya que parece ser que nos vamos a quedar sin refundar el capitalismo, con la falta que hace, me sumo a la moda del cambio -¿Obamamanía?- con un cambio de cabecera en el blog.

No me he podido resistir a la tentación del latinajo, esta vez a cargo de Plauto, popularizado después por el autor del Leviatán, Hobbes.

Resurge pues el blog sin grandes pretensiones, más allá de servir de juego intelectual que me ayude a afianzar y pulir mis pensamientos, en un momento en el que el mundo puede cambiar y en el que en mi mesita los ensayos desplazan a las novelas, buscando explicación para lo que los medios de comunicación no consiguen explicar.

Durante los últimos tiempos uno de los temas recurrentes en tertulias radiofónicas e informativos es la cumbre del G-20 que, al parecer, va  refundar el capitalismo.
Todos hemos oído hablar de si España va a estar o no, de si Francia nos va a ceder una silla… pero poco realmente de lo que va a salir de esa reunión.
España -octava o novena potencia económica mundial- va avalada por la fortaleza de su sistema bancario, que no está pasando por las dificultades que asolan a los bancos por todo el globo. Sin embargo, la economía española no se beneficia de esta fortaleza con una mejor fluidez de los créditos a las pymes o al consumo, sino que la banca se ha limitado a utilizar las ayudas públicas para hacer acopio de dinero para aumentar su propia liquidez, sin que esto haya supuesto una ventaja real para nuestra economía, en un momento en el que los “eres” y sobretodo la masiva no renovación de contratos temporales, están dejando a muchas familias en situaciones realmente precarias.

Mientras las Pymes reclaman una disminución por ley de los plazos de pago -y es que algunas grandes empresas pagan a 180 días, y no son tiempos para cobrar 6 meses después de que termines tu trabajo- los bancos piden más control a nivel internacional, y los demás simplemente esperamos que se produzca un milagro, los políticos se limitan a recalcar la importancia de estar en Washington, para salir en la foto, más que para expresar una serie de ideas concretas.

Por mi parte no soy muy optimista, y menos teniendo en cuenta de que el G-20 tendrá todavía como anfitrión a Bush, responsable -no le veo capacitado como para denominarle artífice- de muchas de las estratégias financieras que nos han llevado a la situación actual.

Nos acercamos a la primera semana desde el para muchos feliz desenlace -al fin- de las elecciones norteamericanas. Ya podemos respirar, porque van a dejar de bombardearnos con información de unas votaciones a las que no estamos invitados, y porque al menos por cuatro años, el gobierno del país más poderoso de la Tierra no está en manos de un fanático con menos luces que la madriguera de un topo.

Ahora viene la parte mala. Pese a las ganas que tenemos todos de que Bush se vuelva con el rabo entre las piernas a su Texas querida a buscar armas de destrucción masiva en su rancho, tendremos que esperar hasta el 20 de enero para ver a Obama definitivamente instalado en la Casa Blanca, y leer titulares tan “ingeniosos” como “un negro en la Casa Blanca” en El Mundo.

Por el momento me conformo con leer que parece seguro el cierre de Guantánamo, -uno de los acontecimientos más bochornosos de nuestro tiempo-  y con ver como poco a poco vuelve la cordura a las relaciones internacionales.

Ahora a ver qué papel hace Zp en el G20.

Los rusos tocando las narices y tensando la cuerda, los americanos con posibilidades de colocar a una parejita de gatillo fácil y nulas ideas en la Casa Blanca, los italianos con Berlusconi, censurando a Oliver Stone, y volviendo a tiempos oscuros que nada bueno les depararon, en España lo de siempre, y para colmo, los que se supone que son diferentes, cada día lo son menos, en Marruecos un líder religioso se puede permitir decir que “una niña de 9 años funciona mejor en la cama que una de 20″, de Iran o Korea del Norte mejor no hablamos, la economía está hecha una mierda, porque políticos cortos de miras permitieron que un bien tan básico como la vivienda fuera objeto público de especulación, inflándose su valor de forma absurda…

Prefiero no pensar en qué será lo próximo, pero me temo  que nada bueno…

“Un hombre un voto”. ¿Quién no reconoce esta frase como uno de los pilares básicos de la democracia? La idea de que el gobierno lo escogemos entre todos, y que el voto de todos cuenta por igual resulta intrínseca al concepto de democracia… ¿Pero de verdad el voto de todos cuenta lo mismo?

Para averiguarlo sólo tenemos que hacernos algunas preguntas…

¿Cuántos votos les ha costado cada escaño a cada partido?

La respuesta es fácil de calcular: Basta con dividir el número de votos entre los escaños obtenidos por cada partido con representación en el parlamento. El resultado es el siguiente: (Datos de las elecciones generales de 2004)

EAJ-PNV 60.140,00
NA-BAI 61.045,00
PP 65.967,19
PSOE 67.232,70
CC 78.407,00
EA 80.905,00
ERC 81.524,50
CIU 83.547,10
CHA 94.252,00
BNG 104.344,00
IU 256.816,20

Como podéis comprobar algunos partidos han necesitado muchos más votos por escaño que otros, siendo el caso más claro el de Izquierda Unida, que ha necesitado 4,2 veces más votos que el PNV o 3,8 veces más que el PP o PSOE.

¿Por qué se dan estas diferencias?

Estas diferencias ocurren porque cada provincia tiene asignado una serie de diputados, y los cálculos se realizan individualmente en cada circunscripción, mediante el sistema de D’Hondt, que favorece a las formaciones más votadas. Debido a esto los partidos más fuertes en cada circunscripción absorben votos de las listas menos votadas, que en el redondeo salen perdiendo. Al repetir este proceso en cada provincia, lo que podría considerarse una pequeña desviación estadística sin importancia produce un efecto que, como veremos, puede condicionar enormemente el panorama político de nuestro país.

¿Qué pasaría si se calculasen los escaños en una circunscripción única?

Si los votos emitidos en cualquier parte de España fueran sumados y los escaños repartidos mediante el mismo sistema, podríamos decir que efectivamente el voto de cada ciudadano español tendría el mismo valor, y el panorama que habríamos tenido estos últimos 4 años habría sido el siguiente:

PSOE 164 158 -6
PP 148 139 -9
CIU 10 11 1
ERC 8 9 1
PNV 7 6 -1
IU 5 18 13
C.Canaria 3 3 0
BNG 2 2 0
CH.Aragonesista 1 1 0
EA 1 1 0
NA-BAI 1 0 -1
P.Andalucista   2 2
  350 350  
  Actual C.Unica  

Como podéis ver, PP y PSOE perderían 15 escaños que prácticamente absorbería IU, con la salvedad de dos escaños que irían a parar a los partidos autonómicos. Reseñable que Nafarroa Bai perdería su escaño y que el Partido Andalucista entraría en el parlamento con dos diputados.

¿Es verdad que son los llamados “partidos periféricos” los que se benefician del actual sistema?

Al contrario, como hemos podido ver los “partidos periféricos” son perjudicados por el actual sistema, con el que obtienen tres escaños menos de los que les corresponderían, siendo notorio el perjuicio para el partido andalucista, a quienes en justicia corresponderían dos escaños y que en esta legislatura no ha tenido representación en el parlamento.

¿Qué habría cambiado de haberse repartido los escaños con este sistema?

Es difícil decirlo, pero lo que sí puedo afirmar es que IU se habría convertido en el partido llave para garantizar la gobernabilidad, al ser suficientes sus escaños para dar al PSOE la mayoría absoluta, sin necesidad de negociar con los partidos nacionalistas. Esto, en teoría, habría permitido realizar política más de izquierdas al no ser necesario el apoyo de partidos más conservadores como PNV, CiU…

¿Si esto es tan claro por qué no se cambia?

La respuesta es, en mi opinión, evidente: para cambiar la ley electoral hace falta que los dos partidos más grandes se pongan de acuerdo, y como hemos podido ver, son precisamente estos partidos los que se benefician un sistema que artificiosamente nos conduce al bipartidismo.

Ya, pero ¿De dónde has sacado esos datos?

Bueno, es sencillo: El ministerio del interior tiene en su web los resultados de todas las elecciones para quien quiera consultarlos. Los resultados de la circunscripción única los he calculado yo mismo siguiendo el sistema de D’Hondt que mencioné anteriormente.

Cambio de paradigma

Desde hace algún tiempo tengo la sensación de que poco a poco las cosas ya no son lo que eran. No me refiero a rollos nostálgicos tipo “lo de antes era mejor” sino a que efectivamente, las cosas no son lo que eran antes. Las palabras parecen haber perdido sus antiguos significados y lo que antes era vergonzoso ahora es motivo de orgullo.

A veces creo que hace mucho tiempo que alguien -no diré nombres, ni falta que hace- se ha esforzado en que todos acabemos compartiendo sus puntos de vista, sin darnos cuenta. En los últimos años creo que la mayor victoria del PP no han sido sus 8 años de gobierno, sino el poco a poco, convertir en verdades comúnmente aceptadas ideas que antes no eran más que opiniones de su partido, obligando al PSOE a adoptarlas como suyas por miedo a ser castigados en las urnas de emplear sus esfuerzos en combatirlas.

Con cada pequeña batalla que el PSOE dejó de luchar para no poner en peligro la batalla de las urnas que creían más importante, el PP se acercaba más a ganar la guerra. La victoria suprema en política no es ganar aplastantemente un comicio tras otro, sino que aún perdiendo, tu rival tenga que hacer tu política.

Creo que es necesario dar un paso atrás, volver a cuestionarse muchas cosas que hoy por hoy damos por buenas sin pensar, recuperar la perspectiva, y reevaluar nuestras ideas sobre lo que está bien y lo que está mal, más que nada para asegurarnos de que son nuestras, y no nos las han metido en la cabeza sin que nos demos cuenta.  Quizá más de uno se sorprenda del resultado.

Entre otras muchas cosas que parecen olvidadas, en El Contrato Social Rousseau escribió que “Sería, pues, preciso, para que un gobierno arbitrario fuese legítimo, que, en cada generación, el pueblo fuese dueño de aceptarlo o de rechazarlo” y que “Aunque cada cual pudiera enajenarse a sí mismo, no puede enajenar a sus hijos; nacen hombres y libres, su libertad les pertenece a ellos, y sólo ellos pueden disponer de la misma”.

En este punto que he decidido rescatar hoy, Rousseau habla de que las decisiones de una persona no vinculan a sus descendientes, y que para ser legítimos los gobiernos deben ser refrendados por cada nueva generación. Tal y como yo lo veo, un gobierno es mucho más que un ejecutivo. No se trata de contentarse con, cada cuatro años, ofrecer la posibilidad de cambiar las caras dentro de un mismo sistema, sino que el marco completo, ese contrato social que nosotros llamamos Constitución, para ser legítimo, no puede ser impuesto por las decisiones de hombres y mujeres que pueden llevar muchos años muertos, sino que cada generación debería tener su oportunidad de decidir si ese, y no cualquier otro, es el marco en el que quiere que transcurra su vida.

Algunos argumentarán en contra la dificultad de establecer el momento; Ese preciso instante en el que se hace necesario volver a preguntar al pueblo si esas son en verdad las reglas básicas que quiere para sí. Después de darle muchas vueltas llegué a la conclusión de que esa aparente indeterminación no era tal, y surgió en mi mente la idea de la caducidad de la Constitución: Cuando en las listas del censo los hombres y mujeres que en su día pudieron votar la Constitución no constituyan al menos la mitad más uno de los censados, habrá llegado ese momento.

Es decir, cuando entre las personas con derecho a voto sean más quienes no tuvieron oportunidad de pronunciarse que los que en su día fueron convocados a las urnas, estaremos en una situación en la que la opinión de una minoría obligue a una mayoría a la que nadie pregunta, y por lo tanto el sistema de gobierno carecerá de legitimidad, ya que su Constitución habrá caducado.

Whatever

Llevo tiempo dándole vueltas al tema del blog, a sobre qué quiero escribir en él. Tengo borradores sobre la televisión pública, el papel de asociaciones como las de víctimas en la sociedad, el rey mandándole callar a Chávez (Resulta que soy de los pocos al parecer que cree que fue una salida de tono y que le espeluzna ver la actuación del Jefe del Estado convertida en ejemplo de todos los makis del país), en fin, sobre un montón de temas que han ido pasando por mi cabeza en los últimos tres meses, y sin embargo sigo sin publicar nada. Ni siquiera tengo la excusa del trabajo, pues cuando empecé en mi nueva empresa ya llevaba más de un mes sin publicar.

El caso es que he decidido simplemente publicar. Escribir lo que se me pase por la cabeza, e intentar de vez en cuando entre delirios y desvaríos incluir algún que otro post más sesudo, de esos que requieren investigar y exponer las cosas de una manera más elaborada, por no perder la costumbre, o más bien, por adquirirla.

Puede que haber visto los dos primeros capítulos de Californication haya influido -soy muy influenciable con estas cosas, no paré de escribir en dos meses después de ver Descubriendo a Forrester- pero en cualquier caso es algo que me apetecía, diría incluso que necesitaba.

Me despido por el momento con una canción que he escuchado a menudo últimamente y que algo que escribió Pi me hizo recordar…

Oidos sordos

Se acercan buenos tiempos -da la impresión- para los otorrinos a ambos lados de los Pirineos. Y es que tanto Sarkozy como Zapatero o Ibarretxe parecen ser víctimas de la misma aflicción: El francés no escucha el clamor de su pueblo en huelga, y sus colegas no se escuchan entre ellos. Se hablan educadamente, sí, pero como si hablasen a una pared. Cada loco con su tema, con -¡oh Dios mío, el apocalípsiiiis!- Rajoy apoyando la firmeza de Zapatero.

Ya no sé si las palabras son las necias, o si los necios son los que se niegan a escuchar…

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